Oración Gloria al Padre

Cuando hacemos referencia al fervor de la iglesia católica, nos encontramos muy de cerca con lo que representan sus oraciones. Entre las más significativas, se nos muestra el “Gloria”, siendo una de las más empleadas por los fieles creyentes de Dios.  Dicha oración se trata de una alabanza a Dios, y se tiene el conocimiento de que su origen es muy antiguo, remontándose a los inicios del cristianismo, según diversos teólogos que han investigado sobre el tema.

Siendo una oración bastante pequeña, se emplea para concluir oraciones más extensas como es el caso del Ave María, El Padre Nuestro, el Credo y en varias ocasiones el Santo Rosario.

Cuando se trata del Gloria, encontramos dos versiones, una corta que reza:

“Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén»

Mientras que la versión larga es la que se usa durante la Santa Eucaristía.

¿Qué significa el Gloria?

El Gloria se trata de una oración de acercamiento y reverencia a la Santísima Trinidad. Esta supone un antiquísimo y venerable himno usado por los cristianos para elevar sus alabanzas a Dios, al Espíritu Santo y a Jesús.

Si hurgamos en el significado de dicha palabra, Gloria es sinónimo de honor y fama, por lo que al realizar esta oración estamos colocando en lo alto el gozo, la felicidad y el placer que supone ser parte del entorno cristiano. Pero el Gloria también maneja otro significado, mostrando a los hombres la forma en que Jesús entregó su vida por todos los seres humanos.

El Gloria es una manera de dar las gracias día a día por todas las cosas que nos suceden, es un agradecimiento universal a Dios.

El Gloria nos acerca de corazón y nos conecta con la verdadera fe cristiana, para que esa misericordia de Dios nos una con su espíritu, encontrando su gracia.

Oración: ¿por qué debemos hacerlas?

En todas las religiones hay maneras de sentirse cerca de esa energía que te mueve día a día y en este caso, es Dios. Pues para los católicos la oración es el medio más directo que encuentran para estar en constante comunicación con él.  

Muchas personas piensan que leer la Biblia es lo mismo que rezar, pues no. Cuando se lee la Biblia es Dios quien con su palabra se está comunicando con nosotros, mientras que cuando se reza, eres tú quien le expones tu agradecimiento y tus peticiones para mantenerte más cerca de él.

Esa oración que hacemos día a día, es conversar de una manera muy personal, porque aunque Dios ya sepa nuestro padecimiento, esperanzas y agradecimientos, esa conversación enriquece el alma de cada persona, haciéndose necesaria.

Por estas razones, la oración se convierte en la única comunión verdadera con Dios, como lo harían dos amigos. La oración debe ser sincera, mostrándose tal cual como es uno, porque sino la oración se convierte en una mera repetición de palabras vacías y sin sentido.

Es cada uno de nosotros en nuestro propio ser, quienes conocemos lo que nos está pasando, las situaciones que nos embargan, entonces, quién mejor que nosotros para comunicarnos con él y desde el corazón.

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